Yo no valgo para ésto. El síndrome del Intruso.

Hoy no voy a hablar de robots o FPGAs. Tengo muchas cosas que contaros, pero siento que no soy capaz.

Hoy quiero hablar de algo que llevo sintiendo desde hace varios días: El Síndrome del intruso.

El síndrome del intruso o síndrome del impostor como probablemente busquéis en Wikipedia, no es más que una forma elegante de decir que una persona siente que sus logros no le pertenecen, que no son propios y que está donde está de chiripa, por suerte, o por un extraño complot en que él no es él si no la personita tímida que grita en su interior.

Ya lo había vivido antes, en muchos momentos y aspectos de la vida. Son las inseguridades que se quedan dentro y van minando poco a poco, como el mar con las rocas, tu capacidad de echarte para delante y resolver los imprevistos del día a día. Pero eso no es lo peor, también te impiden disfrutar de las cosas buenas cada día, porque sientes que no las mereces.

Mi sueño es hacer Robots, lo sabe cualquiera que se acerque a mí más de cinco minutos. No es que sea una persona monotemática, me gustan tantas cosas… podría haber acabado haciendo cualquier carrera de letras, siendo literato, intento frustrado de escritor (me encanta leer y a veces tengo la necesidad de escribir) o cualquier otra cosa.

Pero de forma inconsciente hace muchísimo tiempo que decidí que quería hacer robots, porque me encantan y lo adoro. Y lo estoy intentando con todas mis fuerzas, a veces con más éxito y otras con menos, pero intentándolo día a día.

Puede ser que sea debido a un aumento en mi estrés, o a la sensación de que avanzo de forma terriblemente lenta en este trabajo de fin de Master. Que me esté ahogando la falta de tiempo. Puede ser que las inseguridades me estén matando y cada pequeño contratiempo se convierta en una montaña que subo, para encontrarme otra, cuando lo único que quiero ahora mismo es meterme debajo de una manta y dormir por siglos.

Estos últimos años de mi vida he tenido la fortuna de conocer y trabajar con gente de un talento extraordinario, de una humildad increíble y una amistad que, para mí, es un regalo. Cualquier “Coach” de poca monta te dirá que siempre te rodees en tu ámbito profesional de gente con mucho talento, en plan “a ver si se te pega algo, guapete” y en cierta forma tiene razón. Te hace sentir vivo y luchar contra la mediocridad que tira de cada uno de nosotros.

Pero curiosamente, y a pesar de lo absurdo de ello, es uno de los principales síntomas del síndrome del impostor: sentir que no estás a la altura al ver las cosas maravillosas que se crean a tu alrededor, y tener una urgencia acuciante y asfixiante de demostrar lo contrario.

Pero las cosas no se construyen en un día, y corres el riesgo de no disfrutar del proceso, algo terrible, ya que el proceso es, ni más y menos, tu vida.

En estos días, a pesar de todo esto que te cuento, he sentido el disfrute de saber que lo estoy intentando, que soy dueño de mi propia vida, me lleve a donde me lleve. Hace dos días, mientras montaba un robot que hay que rediseñar en gran parte (le pesa el maldito culo, un fallo básico) sentía ese inmenso placer y tranquilidad que da crear algo. Pensaba en el robot, lo que estaba bien y mal hecho, como mejorarlo, pensaba cual serian los siguientes pasos, cómo controlarlo con la FPGA y cuál sería su próximo hermano mayor.

Pensaba en el nombre del pequeñín, y su maldita tendencia para caerse hacia detrás.

¿Y sabéis qué? A pesar del cansancio,de la inseguridad, de todos los problemas, a pesar de todo, en ese momento me sentía inmensamente feliz.

¿Será eso una buena señal?

comiceveryday

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *